Las altas temperaturas que se están viviendo en nuestro país en pleno otoño tienen una razón. Los costos del cambio climático son mayores a lo que se pensaba: trece de los catorce años que se llevan cerrados en este siglo tuvieron las temperaturas récord desde que hay mediciones sistemáticas (desde 1880). Pero tener que usar ropa de verano a esta altura del año, no es la consecuencia más grave del calentamiento global.

Los estudiosos del clima y los políticos siempre han tenido cautela al hablar de estos temas. Muchos temen perder su estatus e influencia si se hacen cargo de una verdad que es cada vez más evidente.

Hace ya un tiempo que el CO2 en la atmósfera superó las 400 partes por millón de CO2. Y es sabido que si las cosas no cambian, próximamente ese valor se elevará hasta 1.000 ppm, aumentando la temperatura media global (tomando como base la era pre-industrial) entre 3,2 y 5,4ºC. Según un informe del Banco Mundial de 2012, eso significará que nuestro planeta sufrirá “olas de calor extremas, la disminución de las existencias mundiales de alimentos, la pérdida de los ecosistemas y la biodiversidad, y el aumento del nivel del mar que es una amenaza la vida”. Estas consecuencias afectarán mayormente a las regiones más pobres del mundo, estancando o retrocediendo décadas de trabajo. “Un mundo 4°C más caliente puede, y debe, ser evitado”, dijo el presidente del Banco Mundial.

A pesar de las advertencias, ese es el destino al que nos dirigimos si no hacemos un enorme esfuerzo. Mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de los 2°C – el cual es el objetivo deseado- requeriría décadas de movilización y coordinación global. No hay señales de que eso suceda, o razón para pensar que es plausible, próximamente.

Nadie quiere admitir esto, por supuesto. ¿Por qué no? Puede parecer obvio… ¡es que nadie quiere oírlo!

Pero hay algunas razones más que eso. Los últimos contratiempos fueron provocados por un comentario de Oliver Geden, analista en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, en una nota para la revista Nature. En ella, él esgrimió un argumento simple: los políticos quieren una buena noticia. Ellos quieren creer que todavía es posible limitar el alza del termómetro mundial a 2°C. Aún más, quieren saber que pueden hacerlo evitando al mismo tiempo la reducción de emisiones agresivas en el corto plazo. Por ejemplo, hasta que estén fuera de sus despachos.

Geden dice que los científicos del clima se sienten presionados para proporcionar buenas noticias. Les preocupa que, si no lo hacen, serán tildados de alarmistas o simplemente ignorados y dejados fuera del debate. Es por eso que se construyen modelos que muestran que es posible lograr el objetivo de 2°C. Y el mensaje es siempre el mismo: “Nos estamos quedando sin tiempo, sólo tenemos cinco o 10 años para cambiar las cosas, pero podemos hacerlo si enfocamos nuestros esfuerzos en eso”. Pero ese fue el mensaje en 1990, en 2000 y en 2010… ¿Cómo es posible que aún tengamos 10 años más para lograrlo?

Geden afirma que se lograrán emisiones negativas pasada la segunda mitad del sigo 21. El mecanismo para lograr esto es la bioenergía, sumado a la captura de carbono y el almacenamiento de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

La triste realidad es que nadie tiene mucho incentivo para dar la mala noticia. Hay un gran deseo de comunicar que el sistema está funcionando como se supone que debe, que el estado actual de las cosas es el mejor posible, o que estamos suficientemente cerca del objetivo.

En cualquier sociedad, es incómodo admitir que no, que las cosas no están bien y que nos dirigimos a un desastre. Insistir en eso puede provocar reacciones que nadie busca.

Sin embargo, aquí estamos. El hecho es que, manteniendo las cosas como están, sin una nueva política sustancial que controle el cambio climático, nos dirigimos a un aumento de 4°C, y tal vez más alto, a finales de siglo. Cualquier lectura clara de la evidencia disponible, demuestra que eso será catastrófico. Nos dirigimos hacia el desastre, lentamente, sí, pero sin pausa.

Aunque algunos expertos afirman que el objetivo de limitar el aumento a 2ºC ya es inadecuado porque implica daños inaceptables, estamos ante una situación en la que aún lograr un límite de hasta 3°C requiere cambios heroicos en las políticas y tecnologías utilizadas.

Y sin embargo, no parece que el mundo estuviera por acabarse, no hay una amenaza grande y evidente. El cambio climático se mueve tan lentamente que su camino es visible sólo en gráficos y estadísticas. Raramente, logra hacerse oír por encima del ruido ambiente.

Así que la gente quiere escuchar que hay esperanzas de lograr los 2°C, los políticos quieren decir que hay esperanza de lograr los 2°C y, cuando se consulta a los expertos, ellos aún muestran escenarios que afirman que los 2°C son posibles. Por eso nadie quiere pincharles el globo.

Fuente: http://www.vox.com/2015/5/15/8612113/truth-climate-change