El simposio de biotecnología organizado por la Organización de las Naciones Unidas por la Alimentación y la Agricultura (FAO) se realizó desde el lunes 15 hasta el miércoles 17 de febrero, en su sede central ubicada en Roma. Durante tres días dio lugar a presentaciones de las grandes corporaciones de la agricultura química y sus gobiernos afines.

En el marco de dicho evento, sólo uno de los oradores invitados fue abiertamente crítico con los transgénicos. Frente a esta convocatoria, organizaciones de todo el mundo denunciaron el poder de la agroindustria para direccionar las políticas del organismo hacia el apoyo a cultivos y animales genéticamente modificados.

Más de 100 movimientos sociales, representantes de organizaciones campesinas e indígenas y otros miembros de la Sociedad Civil de todo el mundo publicaron una declaración conjunta  donde explicitan la preocupación por la posición de la FAO que, una vez más, cedió ante las presiones de la agroindustria.

Dicho documento sostiene que “A través de la FAO, la agroindustria quiere relanzar su falso mensaje de que los cultivos transgénicos pueden alimentar al mundo y enfriar el planeta”.

De acuerdo con las organizaciones, el simposio debería marcar el fin de la dependencia de agroquímicos y organismos genéticamente modificados. Sostienen que en los últimos 20 años, quedó demostrado que el uso de estos químicos resultó un fracaso desde el ámbito social, económico y ambiental, ya que muchas personas fueron expuestas a sustancias peligrosas usadas por la agricultura química. Además, los costos de los agricultores dependientes de esta tecnología aumentaron más de 5 veces. Sin embargo, luego del éxito de las reuniones internacionales sobre agroecología organizadas por el organismo de la ONU entre 2014 y 2015 se intensificó el lobby de las multinacionales químicas; que concluyó en el evento en cuestión.

Afirman que la única alternativa para producir alimentos de calidad y acceso popular es la agroecología. Esta tecnología fortalece la vida de los agro-ecosistemas y las economías locales. De esta manera, los alimentos se encuentran mejor protegidos de las catástrofes climáticas y las crisis económicas.

La declaración sostiene, además, que la situación ha empeorado en los últimos años de la siguiente manera:

  • · La calidad de la investigación agropecuaria del sector privado se ha deteriorado, aunque su gasto ha aumentado, haciendo más vulnerables a las compañías de semillas e insumos químicos para cultivos
  • · Como resultado, las fusiones y adquisiciones se planifican entre las seis grandes corporaciones de semillas/plaguicidas, que ya controlan el 75% de la investigación y desarrollo mundial del sector privado agrícola
  • · Las empresas que sobreviven, desesperadas, promueven la agricultura “climáticamente inteligente”; exigen protección contra las regulaciones de la competencia; presionan por más derechos de propiedad intelectual y por el aumento de sus subsidios públicos, para poder seguir adelante con sus planes.
  • · Pero las mismas empresas van más allá de las variedades transgénicas convencionales e implementan estrategias “de biotecnología extrema”, como la biología sintética, para crear nuevas construcciones genéticas, e intentan, una vez más, anular la moratoria de la ONU contra las semillas Terminator.
  • · No solo ignoran los derechos campesinos, sino que también utilizan la biotecnología para patentar genes vegetales que ya están en nuestros campos y que nosotros mismos hemos seleccionado. Con la colaboración del Tratado de Semillas, el denominado programa Divseek ofrece acceso totalmente libre a todos los genes vegetales que hemos entregado gratuitamente a los bancos de semillas.
  • · Con las nuevas biotecnologías de edición del genoma, las multinacionales recomponen estos genes para poder patentarlos. Pretenden prohibirnos producir nuestras propias semillas y obligarnos a comprar anualmente sus OGM patentados y sus pesticidas tóxicos, que son indispensables para cultivar dichos OGM.
  • · En la ganadería y la pesca, donde ya existen el salmón y el cerdo transgénicos, observamos el mismo escenario: un fortalecimiento de la producción industrial y un aumento del uso de antibióticos

La declaración de las organizaciones denuncia que ya es momento de dejar de apoyar los planes de la biotecnología corporativa. “La gran mayoría de agricultores del mundo son campesinos, y son los campesinos los que alimentan al mundo. Necesitamos tecnologías de base campesina, no biotecnologías corporativas. Ya es hora de que la FAO rectifique sus prioridades. En lugar de permitir que las empresas impulsen sus agendas de biotecnología, debería fomentar con más fuerza la agroecología y la soberanía alimentaria como el camino para alimentar al mundo y enfriar el planeta”.

Fuente: http://www.greenpeace.org/argentina/es/noticias/Greenpeace-junto-a–mas-de-100-organizaciones-denuncian-la-influencia-de-la-agroindustria-sobre-la-FAO/