La influencia del Ártico en el resto del mundo se extiende más allá de su contribución al aumento del nivel del mar. Su desaparición provoca una modificación global de los océanos con consecuencias potencialmente importantes para los procesos meteorológicos mundiales.

El Ártico es la región de la Tierra en la que más sube la temperatura por el cambio climático y la relación entre el paisaje, su clima y su biodiversidad, está cambiando de maneras impredecibles. Llueve en lugar de nevar, los lagos se congelan más tarde y deshielan más pronto y, por momentos, los trineos no se deslizan: se hunden en una sorpresiva sopa fría.

A pesar de que Laponia, en el norte de Finlandia, es la foto bucólica del paisaje invernal, es paradójicamente el lugar de la Tierra donde el termómetro ha subido más. Según un estudio de la Universidad de Finlandia del Este y el Instituto Meteorológico Finés, la temperatura aumentó en promedio más de 2 grados centígrados, más que el doble que en el resto del mundo. La aceleración fue especialmente marcada en los últimos cuarenta años, lo que coincide con mayores concentraciones de emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera.

El Ártico es la víctima más evidente del cambio climático, pero lo que sucede allí no queda en esa región gigante y compleja sino que influye en todo el mundo. Esto es así porque el hielo marítimo –que acaba de registrar en 2015 un récord mínimo de extensión invernal– devuelve la radiación que recibe. Cuando la banquisa (mar congelado) desaparece, el mar absorbe esa luz. Por su posición geográfica, rodeado de agua, ayuda a moderar las temperaturas globales. “La pérdida de hielo en el Ártico está ocurriendo en todos los meses del año y en todas las regiones, excepto por una pequeña tendencia positiva en invierno en el mar de Bering”, cuenta Julienne Stroeve, del National Snow and Ice Data Center (NSIDC), uno de los institutos más prestigiosos de investigación de los territorio helados. “Esto está teniendo impacto directo en las temperaturas en el Ártico, lo que a su vez influencia el clima en latitudes menores a medida que cambia la temperatura entre el polo y el ecuador, que controla mucho de nuestra circulación atmosférica y oceánica. En la Antártida no vemos ese calentamiento amplificado del Ártico, en parte porque el hielo marítimo no ha disminuido allí.”

“Todo está conectado, así que el cambio del estado del clima en una parte del planeta tiene impacto en otras regiones, aunque no tenemos un buen entendimiento aún sobre cómo los cambios en la banquisa del Ártico impactan, por ejemplo, en Sudamérica”, agrega. Solemos ver el Ártico como un espacio vacío, cuyo único símbolo es el oso polar, que si bien es un excelente bioindicador del estado del ambiente no es el único que cuenta toda la historia.

Allí viven cuatro millones de personas, como los sami, los inuit, los iñupiat, esquimales, nenets, chuchki, entre otras etnias desperdigadas por toda la región. Los pueblos originarios fueron los que entendieron el paisaje, lo interpelaron y, por lo tanto, desarrollaron tremendas habilidades para vivir en él, sin romper con su armonía ni morirse de frío. En cambio, los visitantes de latitudes inferiores –como expedicionarios, balleneros y cazadores de pieles– lo han padecido como un infierno helado inconquistable o han extraído sus riquezas indiscriminadamente. Poblaciones enteras de cetáceos y zorros han sido eliminadas para satisfacer necesidades y modas de otra parte. Más tarde sirvió de banco de pruebas de ensayos nucleares o depósito de basura radioactiva. Ahora que sus aguas se libran de hielo (se ha perdido el 75 por ciento de su volumen desde 1979, cuando se empezaron a hacer las mediciones satelitales), aparece otra vez como una tienda: están más a mano que nunca su petróleo, sus peces y la posibilidad de abrir rutas para el comercio internacional.

 “El océano Ártico es el más desprotegido de nuestro planeta”, nos recuerda Pilar Marcos, bióloga marina y responsable de la campaña Ártico de
Greenpeace, lo que es una paradoja, considerando la importancia vital que tiene sobre el clima planetario. “La influencia del Artico en el resto del mundo se extiende más allá de su contribución al aumento del nivel del mar. Su desaparición provoca una modificación global de los océanos con consecuencias potencialmente importantes para los procesos meteorológicos mundiales que cada vez se relacionan más, por ejemplo, con las súper-tormentas de invierno que ha sufrido Estados Unidos.”

Los paisajes subyugantes del Ártico, donde pocas especies pudieron adaptar su biología para sobrevivir el frío intenso y los meses de noche total y auroras boreales, están cambiando con el ritmo del vértigo. Sube la temperatura, desaparece el hielo marítimo y glaciario, cambian los patrones de migraciones de miles de aves y peces y grandes mamíferos. Algunos ganarán dinero. Otros, como el oso polar, corren el riesgo de desaparecer. Y mucho está en juego.

Fuente: http://www.clarin.com/viva/Revista_Viva-Artico-cambio_climatico-Finlandia-Noruega_0_1379862147.html