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¿Que haremos ahora para evitar el cambio?

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Carl Jung decía que los humanos no somos capaces de soportar un exceso de
realidad. Tal vez todavía no podamos comprender totalmente la envergadura
del problema. Tal vez nos cueste y nos duela tanto caer en la cuenta del
embrollo en el que estamos metidos, que por alguna razón necesitamos seguir
creyendo que la vida tal como la conocemos podrá continuar siendo así en el
futuro cercano…
Creo que lo que está pasando es, ni más ni menos, lo que desde hace tiempo
ya sabíamos que alguna vez iba a ocurrir: El capitalismo se ha topado con
sus propios límites. Y cuando me refiero al capitalismo incluyo a todos los
paises que han participado en el previsible fracaso de Copenhague, pues
independientemente que China y otros se definan como naciones “comunistas”,
no hay duda que son netos actores capitalistas.
Desde la Revolución Industrial, toda la vida sobre el planeta se vino
basando en la fantasía del crecimiento económico perpetuo, y no es
sorprendente que ahora ocurran síntomas tales como el asalto final a los
recursos no renovables en cada rincon del planeta, la expulsión de las
comunidades rurales, al mismo tiempo que este tipo de contradicciones
dirigenciales grotescas como lo ocurrido en la cumbre climática.
Para el capitalismo hay que seguir creciendo y gastando, y todo lo demás no
se puede siquiera considerar seriamente.
En este estado de las cosas los gobiernos ya no pueden hacer más nada. El
combustible de la economía entró en su fase de declinación. La era del
petróleo tiene los días contados. Llegó la hora en que ni Chávez ni Obama,
ni los K ni Pino Solanas, ni Lula ni Ahmadineyad pueden dar más respuestas
ni contentar a la población con más espejitos de colores terrenales ni
celestiales, y todo esto nos está mostrando nada menos que la transición y
el decrecimiento se producirán de cualquier manera, ya sea planificada por
los humanos, o por un natural reacomodamiento biogeológico seguramente muy traumático. En el primero de los casos, la humanidad tiene todavía alguna
chance de caminar progresivamente hacia otra realidad, desarmando poco a
poco el entramado de trampas y quimeras que hemos construido durante el
último siglo y regresando a un estilo de vida mucho más local, con un
bajísimo consumo de energía. En el segundo, la transición se producirá de la
manera más impredecible y caótica. El equilibrio homeostático lo
reestablecerá el planeta.
Lo que nos confirma Copenhague es que las instituciones políticas
continuarán negando la realidad, y si fuera por ellos, todo parece indicar
que estamos destinados a atravesar el camino más duro.
El panorama es tremendo, porque aunque optemos por llevar adelante una
transición planificada por opción, todos sabemos que estamos muy lejos de
poder arreglar las cosas usando lamparitas de bajo consumo en nuestras casas
o reciclando bolsas de basura, y los cambios que debemos enfrentar son
gigantescos.
Pero cuanto antes tomemos conciencia y podamos empezar, más posibilidades
tendremos de transitar con alguna esperanza esta inevitable transición hacia
otra realidad.

Por Horacio Drago
Fuente: Lemu

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